Educar desde el amor es el gran reto de los padres y madres del S. XXI

Cuando llevo a mi hija al colegio y estoy en la fila esperando a que entre, en cada cumpleaños de sus compañeros del cole, en el café de las mañanas  y cuando me reúno con mi grupo de amigas que se acaban de estrenar en la maternidad hay un tema principal que se repite una y otra vez generando una gran preocupación en ellos y ellas ¿Seré un buen padre? ¿Estoy siendo una buena madre?

La gran mayoría no quieren repetir los patrones que siguieron sus padres con ellos aunque curiosamente se repite en sus bocas una y otra vez la siguiente frase “A veces me pillo repitiéndole a mis hijos las mismas frases que mis padres me decían a mí. Esas frases que un día me prometí que si tenía hijos nunca sería así con ellos.”

Queremos educar de una forma diferente a la que nos educaron y pasamos a transformarnos en padres y madres sobreprotectores educando a niños que cuando llegan a la adolescencia no han aprendido a desarrollar recursos propios, con una baja seguridad y autoestima, ansiedad, depresiones crónicas, bajo nivel a la frustración, sin habilidades de gestión emocional y en muchos casos, no poseen motivación.

Queremos ser madres y padres perfectos pero ¿Qué significa ser unos padres perfectos hoy?

Tranquilos, tengo una gran noticia ¡No existen las madres ni los padres perfectos!

En esto últimos años nos han hecho creer que una buena madre o padre son aquellos que protegen a sus hijos para que no sufran, no se equivoquen, no sientan miedo, no vivan experiencias que les puedan dañar. Generamos sobre estimulación en ellos cargándolos de actividades extraescolares y de refuerzo para que sean los mejores realizando jornadas laborales de más de 8 horas y premiándoles con  frases tan desmotivadoras como “así no vas a ser nadie; a ver si aprendes de tu hermano, estoy harta de ti, cómo sigas así te voy a castigar, cada día te portas peor, no me quieres nada, así no tendrás amigos.” O, en otros casos, con falsos reconocimientos que no se corresponden con los logro de sus hijos.

¿Cómo están viviendo sus vidas nuestros hijos? ¿Qué les estamos enseñando? ¿Te lo has preguntado alguna vez?

 Estoy segura que este vídeo te va a encantar ⇩ pincha en la imagen ⇩

Àngel Casajús, pedagogo y profesor de Didáctica de las Ciencias Experimentales y la Matemática en la Universitat de Barcelona explica que si no se tienen en cuenta las posibilidades del niño, este pasará por tres etapas: primero, por agradar a sus padres, intentará alcanzar las metas que le exigen; posteriormente, si no posee las capacidades para ello, se dará cuenta de que no puede alcanzarlas por más que lo intente; y, por último, ante esa incapacidad, acabará elaborando una idea negativa de sus propias habilidades, pensará que no sirve para nada, que todo le saldrá mal, y dañará su autoestima. Tiberio Feliz advierte que, cuando los niños crecen obsesionados con lo que han de hacer y nunca se tiene en cuenta lo que les apetece hacer, inhiben el afecto y los sentimientos, y al crecer serán personas con poca emotividad, que no saben automotivarse porque no han desarrollado intereses propios.” (Publicado en La Vanguardia)

Quizás antes de seguir autoexigirnos y culpabilizarnos deberíamos de hacer la gran pregunta ¿Qué esperan nuestros hijos de nosotros?

Tus hijos solo quieren una cosa simple y sencilla de ti ¿Quieres saber qué es? Te dejo con otro vídeo donde encontraras la respuesta ⇩ pincha en la imagen ⇩

Y es que nuestros hijos solo quieren que les eduquemos desde el amor y no desde el miedo.

 ¿Qué significa educar desde el amor?

Educar desde el amor es el gran reto de los padres y madres del S. XXI y para ello te quiero compartir algunas habilidades y destrezas que te llevaran a construir una maravillosa relación con tus hijos utilizando herramientas sencillas desde la Inteligencia Emocional, Coaching y la Programación Neurolingüsitica. Os dejo con 5 claves básicas:

  1. Buscar tiempos comunes para disfrutar y compartir en familia: jugar, charlar, hacer planes, hablar de cómo nos sentimos, y disfrutar de nuestra compañía nos permitirá educar en valores y emociones.
  2. Aprender a reconocer sus esfuerzos y reforzar lo positivo para que el niño/a tenga momentos en los que se sienta satisfecho mejorara su autoestima y motivación.
  3. Permitirles que se equivoquen, buscar el aprendizaje ante cada fracaso, animarles a que se vuelvan a poner de pie y motivarlos para que lo vuelvan a intentar son las claves de la resilencia.
  4. Dejarles que tomen sus propias decisiones aun cuando sabemos que se van a equivocar, motivarlos para que desarrollen sus propios intereses y desafiarlos para que prueben cosas nuevas les permitirá tomar decisiones, ser independientes y coherentes con ellos mismos.
  5. Escúchalos atentamente sin emitir juicios sobre lo que te están contando, conversa sobre lo que le está pasando, no le des consejos, curiosea sobre como ellos lo podrían resolver, que es lo que quieren conseguir, descubre que les está limitando y ponlos en valor aprenderán a no tener miedo a equivocarse, generar relaciones saludables y resolver conflictos positivamente.

Educar la mente sin educar el corazón, no es educar. Educar a niños felices es transformarlos en personas alegres, proactivas, seguras, con autodeterminación, liderazgo, toma de decisiones y capaces de lograr aquello que se propongan en la vida. Dale alas a tus hijos para soñar, construir y volar. Aprende, entrénate, obsérvate y cambia aquellos comportamientos que te alejan de tu objetivo, nuestra misión como padres y/o madres es educar desde el amor y la felicidad.

Autor: Sara Segura

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